jueves, 10 de diciembre de 2015

EN EL RÍO SENA

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros esta historia que voy a subir de un tirón.
Es un poco más larga de los fragmentos que suelo subir porque pienso subirla entera.
Os ruego que perdonéis los fallos que tiene. La escribí cuando tenía trece años. Y no hace mucho que la encontré.
Le agradezco de corazón a Encarta que me permitiera conocer esta hermosa isla, la isla de la Cité, donde transcurre esta tierna historia de amor.
Transcurre en el París de los años 20, en concreto, en la Isla de la Cité, y tiene como protagonista a la joven Marie Margheritte, una joven de su tiempo. Su historia de amor será el eje principal de este relato.
Se titula En el río Sena. 
Deseo de corazón que os guste.

EN EL RÍO SENA

ISLA DE LA CITÉ, A SU PASO POR EL RÍO SENA, EN PARÍS, 1920

                           He salido a dar un paseo por el Puente Nuevo en compañía de mi prima Odette. 
                           Algunas veces, deseo que llegue el día en el que se celebre su boda con Jean, su prometido. Lo único que hace es hablar de ese día. 
-Vuestro compromiso aún no es oficial-le recuerdo. 
                           Me da mucha pena que Odette se vaya a casar más pronto que tarde. Vivimos en una casa enorme. Tíos, abuelos, primos, mis padres, mis hermanos. Todos vivimos allí. 
                           Odette no hace caso de mi queja. 
-Cuando te enamores, entenderás lo que siento-me asegura. 
                          Me encojo de hombros. Odette es como una hermana mayor para mí. Sé que se alegra de que Jean quiera casarse con ella. 
                          Se conocieron en el Mercado de las Flores. Jean posee una floristería que lleva a medias con su hermano menor, Pierre. Se encuentra enfrente del Palacio de Justicia. 
                          Para ganar más dinero, Jean y Pierre tienen un puesto en el Mercado de las Flores. Odette acudió a visitar el Mercado. 
                          Jean quedó prendado de ella nada más verla. Y decidió que iba a ser sólo para él. La enamoró cuando le entregó una rosa naranja. Odette regresó del mercado en una nube. Afirmó que había encontrado al hombre con el que quería pasar el resto de su vida. 
                         Se conocen desde hace muy poco. Jean lleva cortejando a Odette apenas unas semanas. Sin embargo, las cosas están yendo muy deprisa entre ellos. Cuando salen juntos, he de ir de ellos como carabina. Sé que a Jean le molesta mi presencia. Odette me pide, en ocasiones, que me vaya a dar una vuelta. 
-¿Quieres quedarte a solas con él?-me escandalizo. 
-Es mi novio-me contesta. 
-Pero está mal. 
-Sólo quiero darle un beso. 
-¡Odette! 
                           Les he visto darse un beso en más de una ocasión. 
                           Odette ha tenido una idea. Quiere emparejarme con Pierre. Yo estoy atónita. ¿De verdad quiere que me enamore del que podría ser su futuro cuñado? 
                            Pienso que se ha vuelto loca. Lo cierto es que está muy enamorada de Jean. Cuando una persona se enamora, parece volverse tonta. 
                            Odette no es así. Sólo que Jean hace que su criterio se nuble. 
                            No me puedo negar a lo que me pide. Tengo dieciocho años. Odette está a punto de cumplir treinta. 
                            Mi tío dice que tendría que haberse casado hace mucho tiempo. 
                            Por eso, está tan decidida a casarse con Jean.
                            Piensa que es su última oportunidad para no quedarse soltera. ¿Acaso no está enamorada de él? Odette y yo compartimos habitación. Nos pasamos toda la noche hablando, cada una acostada en su cama.
                            En realidad, pasamos mucho tiempo juntas. Por ese motivo, me da pena que se case.
-¿Por qué no sales con Pierre?-me pregunta Odette.
                            Estamos sentadas en el sofá del salón. Estamos bordando manteles que formarán parte de mi ajuar de novia. ¡Y ni siquiera hay un hombre en mi vida del que pueda decir que estoy enamorada!
                            Me quedo mirando a mi prima con estupor. Los ojos negros de Odette brillan de entusiasmo con la idea que acaba de tener.
-Creo que sería un gran error-respondo-¡Casi no le conozco!
                           He visto a Pierre en varias ocasiones. Siempre lo he visto en el Mercado de las Flores.
-No le has dado una oportunidad-me recuerda mi prima.
-¡Sería un error!-protesto.
-Marie Margheritte, piénsalo. Es un chico estupendo. También él quiere tener novia. Y creo que tú le gustas. Está interesado en ti.
-¿Qué estás diciendo? ¡Si casi no hemos hablado!
-No es lo que Jean dice.
                            Mamá entra en el salón en ese momento.
                            Odette me lanza una mirada suplicante. Pienso que, definitivamente, se ha vuelto loca. ¡Ahora, le ha dado por hacer de casamentera! No sé qué hacer. Creo que estaría bien conocer mejor a Pierre.



                              Finalmente, accedo a ver a Pierre el domingo. Dado que tenemos teléfono y Jean y Pierre también tiene teléfono, Odette telefonea a su novio. Le cuenta que he aceptado encontrarme con Pierre.
                              La cita es a las cuatro de la tarde. Yo estoy muy nerviosa.
                              Nos vemos en la Plaza de Vert-Galant. Apenas he tratado a Pierre.
                             Debo de reconocer que es un joven muy atractivo.
                             ¡Me ha besado en la mano nada más verme!
                             Mi corazón late a gran velocidad. No sé lo que me pasa cuando estoy cerca de él. Nos hemos puesto a caminar.
                              Rodeamos la placa conmemorativa que recuerda la ejecución de Jacques de Molay. Allí mismo...
                              Hay un cisne en el río Sena. No tarde mucho en unírsele otro cisne.
                              Pierre me explica que los cisnes son monógamos. Sólo se aparean una vez en la vida. Con la que será su pareja para siempre. Yo le miro sorprendida.
-Es una pena que la gente no sea como los cisnes-afirma.
                              Odette lo ha pasado mal en la vida, recuerdo. Sus padres nunca se quisieron. Hubo muchas infidelidades por ambas partes durante el tiempo que estuvieron casados.
-Yo quiero un cisne en mi vida-le confieso.
                           Pierre me sonríe. Dice que lleva algún tiempo fijándose en mí. Sin embargo, no se atrevía a dar ningún paso. Le daba mucha vergüenza hacerlo.
-¿Por qué lo dices?-le pregunto.
-Una joven como tú nunca querría estar como un patán como yo-me confiesa con tristeza.
-¿Y cómo soy yo?
-Eres muy hermosa, Marie Margheritte. Siempre tienes una palabra amable para todo el mundo. Y yo...
                          Guarda silencio. Pienso en lo distinto que es de Jean. Su hermano mayor es más lanzado.
                          Empezamos a vernos. Creo que Pierre me está cortejando.
                          Nos vemos todas las tardes en la Plaza de Vert-Galant. Odette no quiere hacer de carabina con nosotros. En su lugar, va a encontrarse con Jean. Cuando nos quedamos solas en casa, quiere saber todo lo que he hecho con Pierre. A cambio, me cuenta lo que ha hecho con Jean.
                          Pierre es un joven muy caballeroso. Ha empezado a regalarme flores. También a mí me gustan las rosas de color naranja. Es una pasión que he heredado de Odette. Mis padres me preguntan por el joven que está interesado en mí.
                         Yo no sé cómo explicarles lo que me pasa con Pierre. ¡Me siento otra!
                         Cuando camino, siento que estoy flotando. El tiempo desaparece cuando estoy con él.



                          Desde entonces, mi mayor deseo es poder gritarlo a los cuatro vientos. Me he convertido en lo que Odette es. ¡Me he convertido en una mujer enamorada! Me encanta ahora poner la gramola. Bailar al son de las canciones que escucho. La Marie Margheritte que era antes ya no existe.
                        Existe otra mujer. Una mujer distinta...
                        Cuento las horas que me faltan para volver a ver a Pierre. ¿Le pasará a él lo mismo que me pasa a mí? Los momentos más felices del día son cuando estoy con él. Me siento muy a gusto en su compañía. No se trata de eso sólo.
                         No...
                         Ha sido Pierre el primer hombre que ha besado mis labios.
                         Nuestro lugar favorito para encontrarnos es la Plaza de Vert-Galant. Nos sentamos a la sombra de uno de los castaños que allí crecen. Nos apartamos un poco de la gente que pasea por allí. Veo a parejas que acuden allí para estar solos. Veo a niños jugando. Veo a hombres hablando de muchos temas. Todos ellos quieren olvidar. No recordar la pasada guerra. Olvidar los horrores que todos vivimos. Encarar el futuro.
                         Y pienso en que es muy difícil dejar atrás el pasado. Es imposible de olvidar.
                         Pierre quiere hablar hablar de su etapa como soldado en el frente. Jean y él estuvieron combatiendo, pero en distintos contingentes. Igual que su padre...Lo mataron en los últimos días de la guerra.
                         Yo lucho por no pensar en los edificios en llamas. En los gritos de dolor...
                         Sólo quiero mirar hacia delante. Sólo quiero pensar en cosas alegres. Quiero pensar que el verano ha llegado.
                         Que luce un Sol radiante. Que las aguas del río Sena son claras. Son frescas. No las tiñe el rojo de la sangre. Ya no...
                           Quiero pensar en todo eso. Mientras, le sonrío con amor a Pierre. ¿Es posible que lo ame tanto?
                           Es un poco tarde.
                           Me inclino a beber agua de la fuente.
-Quiero casarme contigo-me confiesa Pierre.
-¿Qué estás diciendo?-me sorprendo.
-Marie Margheritte...Sin ti, yo no soy nada.
                          Empieza a hablar. Todo lo que me cuenta confirma lo que yo ya sospechaba.
-Te necesito en mi vida-añade.
                          Me mira. Sus ojos hablan de todo el amor que siente por mí.
                         Un amor que es sincero. Un amor que es puro. Mi corazón late a gran velocidad. Pienso que estoy soñando. ¡Pero lo que está ocurriendo es verdad! Siento ganas de ponerme a gritar. Quiero saltar de alegría.
                         Me repito a mí misma que debo de contenerme. No está bien que una señorita se comporte como una loca. Y yo soy una señorita. He recibido una educación esmerada. Soy hija de un próspero comerciante. Debo de comportarme como la señorita que soy.
                         Pierre empieza a hablar. Quiere ir a hablar con mi padre. Jean no sabe cuándo se va a casar con Odette. Le cuesta trabajo fijar la fecha de la boda. Y veo a mi prima un poco triste en ese aspecto.
                         Lo prometido es deuda. Pierre acude a visitar a mi padre. De este modo, me demuestra que su amor por mí es real. Me ama de verdad. Yo los escucho mientras hablan en el despacho de mi padre. Odette me regaña porque está mal escuchar las conversaciones ajenas con el oído pegado a la madera de la puerta.
-¡Sólo quiero saber lo que dicen!-insisto.
                       No dejo de dar saltitos de alegría.
-Me alegro mucho por vosotros-me dice Odette.
-Jean te quiere-le aseguro.
                       Me siento mal por estar tan contenta. Porque veo que Odette está sufriendo mucho. ¡Y eso no es justo!



                            Esa noche, Pierre se cuela en mi habitación. Y yo no dudo en entregarme a él.
                            Vamos a casarnos. ¡Qué importa que le entregue mi virginidad! Es el único hombre que va a haber en mi vida.
                             No siento pudor alguno cuando queda desnudo ante. Cuando me quita el camisón. Le tiemblan las manos.
                             Le devuelvo cada beso que me da. Me estremezco cuando me besa en el cuello. Cuando sus labios recorren cada porción de mi piel.
                             He oído que perder la virginidad es doloroso. No he sentido apenas dolor al entregarle a Pierre mi virginidad.
                            Lo amo. Y él me ama.
                           Ya hemos fijado fecha para la boda.
                           ¿Es mucho pedir casarnos en la Catedral de Notre Dame? Yo pienso que no. Seguimos viéndonos todas las tardes. Seguimos encontrándonos en la Plaza de Vert-Galant. Seguimos con nuestros paseos. Intercambiamos confidencias. Nos reímos juntos. No ha cambiado nada entre nosotros. Somos conscientes de que estaremos siempre juntos. Que nos amaremos eternamente.
                          Nos robamos besos a escondidas de la gente, detrás de un castaño.
                          Nos abrazamos con fuerza.
                          ¿Y Odette? ¿Y Jean? ¿Serán felices?
                         Yo creo que se casarán. Serán muy felices.
                         Lo sé. Yo soy feliz. Y siempre seré feliz mientras Pierre y yo nos amemos.

FIN

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